El Cadete.
Enviado por Miska Pullos el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Lo que voy a contar ocurrió hace ya 35 años. Mis padres eran dueños de una farmacia de cierto prestigio y yo con mis 16 años trataba de ayudar. En la farmacia trabajaba un muchachote de 18 años, 1.75 de altura con un cuerpo bastante bien desarrollado. El era responsable de mantener limpio y ordenado el enorme depósito de remedios y drogas que en el sótano del edificio, contaba la farmacia.

Me gustaba compartir con el toda la tarde y ayudarle tanto con la limpieza como con el acomodar la mercadería. Terminábamos a las l9.15 horas y nos dábamos una ducha para sacarnos la tierra que nos caía desde los distintos estantes. No se como fue que pasó pero uno de esos días sin querer rocé su miembro con mi mano. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Baje la mirada y lo ví erguido, duro, tenso, vibrante... sin saber porque me agaché sobre él y lo comencé a chupar. El tomó mi cabeza y mientras acariciaba mi cabeza me hizo realizar un movimiento de vaivén cada vez mas frenético hasta que estalló y llenó mi boca de semen.

Dos días después volví. En el momento de entrar a bañarnos lo miré a los ojos y leí en ellos su consentimiento por lo que sin mediar palabra me agaché y tomé su pene y lo introduje en mi boca. El acarició mis espalda y llegó a la puerta de mi ano donde introdujo suavemente la punta de su dedo, luego la mitad y por último todo. Me enloquecí de la calentura. Recuerdo que gemí y le pedí “algo más”. Me hizo girar y bajo la lluvia de agua caliente apoyó la cabeza de su miembro en la puerta de mi culo y empujó, de la calentura hice lo mismo pero en sentido inverso. El pene rajó el agujero de ano, lo rompió, y penetró brutalmente en mi interior. Grité, lloré, traté de sacarlo pero ya era tarde. El había empujado nuevamente y los 22 centímetros de largo por 6 de grueso estaban dentro.

Comenzó a mecerse en mi interior. Entraba y salía. Enloquecí de la calentura y sentí que un brutal orgasmo me sacudía. Acabé. El sintió mi espasmo y me sacó el miembro. Dándome vuelta me lo puso en la boca y me la llenó de leche.

El tiempo pasó... todas las semanas aprovechaba el momento en que él entraba a bañarse para estar a su lado y hacer que me penetre. Mi trasero se fue amoldando a las dimensiones de su pene y gozaba en forma extraordinaria de él. Lo mamaba, lo acariciaba y lo sentía como mío.

Un día en que la farmacia debía cubrir el turno mi padre no podía estar por hallarse en una de sus tantas convenciones. Mi madre preocupada me hizo el comentario. No quería quedarse sola de noche por miedo a que la roben...

- Pedile a Pedro que se quede con nosotros...

- Te parece que querrá...

- Quieres que le hable...

- No está bien yo lo haré

Así fue como la noche del turno Pedro se quedó a compartir con nosotros. Tengo aún grabados esos momentos.

Luego de un tedioso día, llegó la hora de cerrar y dejar tan sólo la ventana de turno en condiciones de abrirse durante las horas de la noche.

Mi madre preparó la cena y Pedro trajo el vino. Ni mi madre ni yo somos de beber pero la ocasión se pintó para iniciar una secuencia de brindis que nos fue envolviendo en un ambiente “cargado” de erotismo. Recuerdo que propuse jugar a la botella. Juego en el cual al que lo apunta el pico de la botella debe quitarse una prenda. Estábamos tan densamente libados que nos pusimos a jugar entre chanzas y risas.

Tras media hora de juego a mi me quedaban los pantalones y los calzoncillos al igual que a Pedro, y a mi madre la pollera, el corpiño y la tanga.

Le tocó el turno de tirar a mi madre, siempre con frases como “los voy a dejar desnudos”, tiró y el pico tras varias vueltas quedó apuntándole a ella. Se sacó el corpiño...Un par de hermosas tetas quedaron a la vista. Los ojos de Pedro se posaron en ellas y la lengua recorrió sus resecos labios.

Fue su turno. Tomó la botella la hizo girar y nuevamente el pico apuntó a mi madre. Ella

gimió una protesta sobre su suerte y se quitó la pollera. Al hacerlo quedaron a la vista sus esbeltas piernas y su breve tanga, la cual apenas cubría el vello de su entrepierna. Tiré y perdí mis pantalones, llegó nuevamente el turno a mi madre. Ese podía ser el último tiro. Ella y yo estábamos al borde de la derrota. Tomo aire y arrojó la botella. Giró rápidamente. Cuando se detuvo el pico volvió a apuntarle a ella... gritamos, Pedro y yo, y la “gastamos”, durante un rato... Llegó el momento de quitarse la tanga y lentamente lo fue haciendo... Recuerdo que pensé “que hermoso culo tiene mi vieja” e imagino que el cadete habrá pensado lo mismo...

- Bueno ahora a cumplir las prendas...

- Bien

Tomamos los papeles que habíamos escrito como prendas para cada ocasión...Yo en mi inocencia había puesto que mi madre debería bailar desnuda para los dos y servirnos como esclava durante media hora... Pedro había ido mucho más lejos. El pidió que “chupara la verga”...

Mi madre en medio de ese ambiente caldeado no opuso ningún reparo a las prendas y comenzó a cumplir con mi pedido, bailó desnuda para los dos durante unos minutos mostrando sus pechos, su concha y su cola. Les confieso que ante semejante espectáculo se me paró el pito... y me dí cuenta que al cadete le ocurría otro tanto. Por eso cuando llegó el momento de cumplir con la prenda y Pedro se quitó los pantalones y los calzoncillos su terrible pedazo quedó erguido ante los asombrados ojos de mi madre que no podía creer que existiera un miembro de semejante dimensiones.

Lo tomó con sus manos, una sola no podía rodear las dimensiones del pene, lo llevó a la boca y a partir de ese instante se dio piedra libre a todo.

Lo mamó durante un rato largo, saboreando, gozando. Pedro acariciaba su cabeza. Luego la tomó y la hizo colocarse en cuatro patas y desde atrás sin pedir permiso comenzó a introducirle su terrible pedazo en la concha. Mi vieja gimió al sentir el brutal desplaza-miento de su carne. La verga penetró profundamente en su interior. Ella gemía, gozaba...

Pedro comenzó a sacudir su interior. Al quinto o sexto “bombazo” mi vieja gritó...

- Ohhh...me voy...acabo...ahhhh...

Y su cuerpo se estremeció y sacudió. Pedro continuó bombeando...Mi vieja comenzó a sufrir un orgasmo tras otro... Al séptimo su cuerpo quedo totalmente relajado mientras ella nos decía...

- Estoy rendida... no tengo fuerzas para nada...

- Vas a seguir gozando...perra. le contesto el cadete arrastrando las palabras...

Sacó su pija de la concha y tomando un frasco de un estante cercano derramó su contenido en el culo de mi vieja. Vi cual era su intención. Mi madre también se percató y gimiendo muy quedamente dijo...

- Por el culo no...me lo vas romper...por favor no...

Sus ruegos sólo sirvieron para excitar más al cadete...Los 22cms. x 6cms. fueron directos al orificio anal de mi madre, se posó el glande en su entrada...mi madre cerró los ojos, apretó los dientes y gimió un...Nooo... que no fue oído...

Pedro comenzó a empujar. El agujero se fue expandiendo a medida que la enorme cabeza ingresaba en el interior...mi madre gritaba y se retorcía del dolor...implacable el cadete siguió empujando su terrible miembro. Mi madre jadeaba, buscaba oxigeno desesperada.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Un gesto de dolorosa impotencia se dibujaba en su rostro. Tras mucho esfuerzo el pene quedó totalmente guardado. Ahí Pedro comenzó a bombear...Mi madre gemía...Me sentí transportado y sin saber como o porqué me tiré sobre su rostro y puse mi pito en su boca...ella comenzó a mamarme y yo a gozar con esa chupada. La “fiestita” se prolongó durante toda la noche...En algunos pasajes de la misma Pedro y yo la penetramos al mismo tiempo..Ella gozaba. Gemía. Acababa. Nos quedamos dormidos con ella “ensartada” por los dos.

Lo que sigue es parte de otra historia. Vale aclarar que a partir de ese día mi madre mantuvo permanente relación con el cadete. Y pude apreciar en más de una oportunidad que la penetración anal se efectuaba a toda hora y en cualquier lugar...

 

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