Les hago llegar mi relato titulado "..confesion"..... es parte de mi historia de
vida, agradecere se comuniquen y publique en la web mis palabras confesadas
solo por estas lineas.
CONFESION
Recuerdo, cuando tendría unos 6 años, con mi madre fuimos a visitar al
interior a mi hermano Pablo, hacia largo tiempo no nos visitaba con su
familia, es el mayor de mis hermanos casados, y yo casi no me acordaba de
él. Ni remotamente me imaginaba lo que iba a ser testigo y lo que
significaría para mi futuro ese viaje.
El viaje de ida era agotador, se requería muchas horas para nuestro destino,
cuando llegamos solo encontramos a la mucama, mamá le pidió por favor no le
avisara a nadie puesto que nuestra presencia sería una sorpresa y para el
gran encuentro prepararía una cena con la comida preferida de mi hermano,
por lo que tuvo que salir a comprar todo lo necesario, como yo estaba tan
cansado me pidió que me quedara a reponer fuerzas, no quise al principio
puesto que estaría solo, pero terminé durmiendo rápidamente.
Cuando desperté estaba solo, no sentí miedo sino mucha curiosidad como
cualquier chico, después de estar un rato aquí, allá reconociendo la casa
encontré un dormitorio amplio, con sus paredes de un lado recubiertas de
espejos, con una cama muy grande, como en casa tenia la manía de esconderme
debajo de la cama de mis padres a jugar, hice lo mismo allí.
Estando en ese lugar me doy cuenta que entraba una mujer joven, morocha, muy
linda, no la reconocí en ese momento, que puso llave a la puerta. Me quedé
callado para no armar ningún lío, en silencio sentí que se tiró a la cama en
una expresión de relajamiento, minutos después se levanta de un sobresalto a
ordenar sus cosas, del placard toma una caja, sacó lo que tenía guardado y
lo coloca sobre la cómoda en frente mío, era un par de zapatos negros con
mucho brillo de unos tacones muy altos, que me parecieron hermosos, ahora se
que eran tipo Luis XV de charol.
Luego, comienza a quitarse lentamente cada prenda que tenia puesta hasta
quedarse sin ropas, luego se calza esos llamativos zapatos, y la veo en todo
su esplendor solamente vestida con esos tacos altos, una combinación
exquisita, ya que desde mi posición privilegiada podía ver todo lo que
hacia.
Pese a mi precocidad, a mi edad de entonces, me quedé sin palabras, ver su
piel blanquísima y desnuda en esa dimensión, me pareció irreal, un cuerpo
perfecto. Era explicar lo inexplicable, nunca se lo contaría a mi madre ni a
nadie, puesto que seguramente no hubieran entendido bien lo que hice ni lo
que hacia ella.
Después ella, se sentó en una silla que había adentro, cruzando sus
deliciosas piernas a su vez soltaba sus largos cabellos con movimientos
suaves de su cabeza, comienza como a contornear su cuerpo, a bailar en esa
posición, moviendo sus caderas, al mismo tiempo cruzando de un lado a otro
sus piernas, apoyando un pie alternadamente en la silla, repentinamente se
levanta y se queda mirando frente a los espejos, comienza a caminar, en un
ir y venir elegante moviendo sus caderas, cambiando de posición como
mostrándose a si misma la cola y sus piernas en su mejor perfil, veo que
disfrutaba de su desfile intimo.
Posteriormente, de espalda a la pared, en forma lenta comienza a acariciarse
desde su cara a sus pies, recorriéndose de arriba hacia abajo, acompañada
con una respiración que la sentí cada vez más agitada, a moverse más, sus
manos posaban en sus caderas hasta que sus dedos se interesaban en su
entrepierna. Interrumpiendo brevemente esa búsqueda, y se metía uno, dos
dedos en su boca, se veía una humedad brillosa y volvía, a ese espacio para
mi desconocido. Jadeaba y se retorcía en un frenesí envolvente. Pero, de
pronto detiene sus movimientos bruscamente al lanzar un grito silencioso,
ahogado, puesto que se sintieron voces fuera del dormitorio, de una manera
tan veloz que ni me di cuenta se vistió rápidamente y salió a su encuentro,
mi madre había regresado.
Después de eso, salí de allí, no se que excusa inventé, me costo mucho
disimular porque mi cara estaba rabiosamente colorada por ese espectáculo
particular y la saludé. Quien era la protagonista de este ritual intimo,
Raquel, mi cuñada.
Como nos quedamos una semana continué con mi jueguito-manía de esconderme
debajo de esa cama, comprenderán que fue muy fuerte mi complicidad
clandestina, repetir toda esa escena mentalmente me transformó, fue una
tentación inevitable revivirla y tratar de imitarla inocentemente fue lo
máximo, comenzando con sacar esa caja, no lo hice inmediatamente hasta que
por creciente curiosidad ó por juego, ó no se qué, me probé esos zapatos,
por supuesto, me quedaban grandes.
Inmediatamente, cuando sentí mis pies dentro de ellos, una sensación
extraña, diferente, se apoderaba de mi, un cosquilleo eléctrico en todo el
cuerpo, como un escalofrío, mi pito se puso duro, me asusté mucho lo que me
estaba pasando, y los guardé nuevamente en su lugar, obviamente nunca lo
había experimentado.
Hasta que me decidí a repetir casi toda la escena como todo chico por esa
necesidad propia de la imitación de las acciones de adultos, a pesar de esa
sensación extraña que me provocaba y yo no lo sabia. Es más comenzó a
gustarme lo que sentía y lo tomé de una manera natural e inocente, ya que
hasta que nos volvimos lo viví como un juego, la imitaba caminando con eso
enormes zapatos frente a su espejo mirándome como lo hizo ella, por supuesto
no pude hacer todo lo que ví.
A partir de allí, le dedicaba más atención a ella que a mi hermano, la
miraba y escuchaba con idolatría, todo de ella era fascinación, encanto, me
pasaba el tiempo observándola, como estudiando todos sus movimientos,
especialmente su forma de caminar, era mi diosa. Recuerdo me perdía en mis
fantasías reviviendo su show, no una sino miles de veces.
Tener en mi mente esas imágenes era algo tan difícil de olvidar, el cuerpo
desnudo de ella, de una mujer con solo zapatos, me marcó mucho como algo que
me quedó sellado para siempre y desde ese momento mi existencia ya no sería
la misma. Comenzaba un vicio que nunca pude superar, que nace a partir de
ese jueguito solitario.
En casa con mis hermanas estaba a la expectativa de algo diferente, ni loco
le hubiera contado de mi descubrimiento en la casa de Pablo, somos 4 el del
medio soy yo con 2 años de diferencia cada uno excepto el mayor. Ellas, cada
vez que jugaban aprovechaban para vestirse de grandes, no se les ocurría
mejor idea que hacerme participar, como yo en esos momentos ya tenia una
idea oculta, ya no me molestaba cuando me lo proponían, es más me calzaban
las sandalias de mi madre, y yo las elegías las de tacos bien alto. Ponerme
zapatos de mujer delante de ellas era estar en mi propio juego, mi cabeza
volaba, siempre estaba como en otra cosa.
Recuerdo que me nacía una idea loca, de que a medida que iría creciendo yo,
mi diminuto pito no lo haría sino que al cabo del tiempo desaparecería, y me
transformaría en una diosa como mi cuñada. Qué gran frustración fue el
enterarme por mi cuenta que era varoncito, y todo lo mío algún día sería la
de un hombre.
Pero en mi interior, igual fue creciendo una sutil envidia cuando veía a mi
cuñada, como ya conocía su cuerpo, en mi fantasía infantil quería parecerme
a ella, además me comenzaba a preparar de otra manera, inconsciente, me
llamaba la atención lo mismo pero cuando veía a otras mujeres por la calle,
me interesaba en aprender el caminar distinto de ellas, más si tenían
tacones altos. Nunca le dí atención a las cuestiones de los chicos de mi
edad.
Mi infancia creo fue normal, me gustaba ir a la escuela, tenía pocos amigos
varones en el barrio dado que con mis hermanas éramos muy unidos y me pasaba
el mayor del tiempo con ellas, me mantenía ocupado con la gimnasia, y el
patinaje porque una vez escuché un consejo de mi cuñada a mis hermanas, le
decía para estar siempre en formas y como cuidar piernas y cola, debían
practicarlo regularmente, en mi cabeza rondaba una frase ".. para estar como
ella y hacer lo mismo alguna vez"... Pero de esa inocencia no pasó a mayores.
A medida que iba creciendo fue cambiando mi forma de ver, en mi cabeza
comenzaba una gran lucha interna e intentaba, trataba de no pensar tanto en
esas cosas raras que nunca me abandonaron, pero pasaba el tiempo y ocurría
todo lo contrario, algunas veces intencional otras no.
Aprovechaba cada oportunidad cuando estaba solo y en secreto me ponía los
zapatos sean de cualquiera, de mi madre, hermana, y tías.. Además, de a poco
me animaba también a tomar las bombachas de ellas y en el baño me daban una
loca idea de pasármelas por el cuerpo e intentar ponérmelas o como cuando
veía disimuladamente en las vidrieras de las zapaterías todo tipo de calzado
de mujer con tacos altos, e imaginarme como me vería con esos. Para
contrarrestar todas esas cosas le dedicaba mucho tiempo a estudiar, era buen
alumno.
Así llegué con 13 años al secundario, a un colegio religioso mixto, con
nuevos compañeros y compañeras, me di cuenta que no me disgustaban las
chicas, a pesar de que crecían mis fantasías de sentirme mujer tanto vestida
como desnuda, hasta ahí todo bien.
En un momento dado, reflexioné. Me estaba pasando algo raro con mis
compañeros varones del colegio, algo le llamaba mucho la atención, era mi
cadera y cola.
Cuando me puse el short en una clase de educación física, arme un despelote
bárbaro, e incluso el profesor se dio cuenta de ello pero mantuvo su
postura, los demás me miraban e intentaban tocarme de sorpresa o en un
descuido, entre burlas me lo decían, mi comportamiento no era diferente a
todos, pero al parecer resaltaba esa parte de mi anatomía sin darme cuenta,
hasta se reían diciéndome que parecía el culo de una compañera, e incluso
mejor.
Recordé lo que me repetían mis hermanas desde cuando era chico en relación a
mi trasero que era llamativamente diferente, lindo, mi preparación física
inconsciente aparentemente estaba dando sus resultados, pero de ahí que les
interese a los muchacho me provoco un quiebre, no estaba muy seguro, no me
quise hacer cargo lo que provocaba, me gustaba y me parecía trágico a la
vez.
Al principio no les daba importancia a lo que me decían, pero esas cargadas
fueron de gris a oscuro y me empezó a preocupar, para que no hablaran
comencé a utilizar alternativas como no usar más mis jeans ajustados para
andar con pantalones deportivos anchos o largos, además me sentía ridículo y
me daba mucha vergüenza no tener vellos como todos.. no compartía los
vestuarios cuando estaban la mayoría reunidos, menos desnudarme compartiendo
las duchas.
Hacer todo esto no me ayudó, menos a superarlo por lo que comencé a sentirme
diferente, puesto que a pesar de mi tendencia por lo femenino nunca fue
consciente y menos delante de tanta gente.
Por un tiempo dejaron de molestarme, pero parece que a Gustavo, el más
zafado, era repitente y el más grande tendría unos 16 años, en vez de
alejarlo lo hacia engranar más, porque tuvo la paciencia necesaria de querer
comprobar no se qué, después de un partido.
Me esperó en las duchas sin que me diera cuenta, luego este se me apareció
por detrás mío., comenzó a hablarme del partido anterior, mientras se
quitaba la ropa para compartir el baño y seguir hablando según me decía, en
eso intento salir como si nada pasara, pero me detuvo con una mano, como
para no armar ningún escándalo traté de no me comportarme diferente y me
quedé, estar desnudo frente a él en la misma condición no me provocó nada,
lo ví musculoso y cubierto de pelos, pero parece que este tenia la idea fija
en otra cosa, porque comenzó a recorrerme con los ojos de arriba abajo
descaradamente, en ese momento tuve miedo y sentí un escalofrío.
Repentinamente, se arrojó sobre mí y en una maniobra de judo me sujetó un
brazo poniéndome contra la pared, dejándome de espalda hacia él, lo que paso
después fueron algunos escasos minutos pero lo viví como una eternidad, me
comenzó decir al oído muchas barbaridades, como que era tal cual se lo había
imaginado, que tenia el lomo parecido a una mina, que le gustaba mi piel
suave, que estaba dispuesto a completar mi cambio rompiéndome el culo, etc.
Siento su brutalidad descarnada, con su otra mano me agarra muy fuerte de
mi cuello, y con sus dedos a recorrerme de una forma agresiva, desde la nuca
hasta mis piernas para posarse directamente en mi cadera, me resistí con
todas mis fuerzas, intentaba soltarme pero no podía impedir esa invasión,
ese contacto contra mi voluntad, más aun cuando se llevo uno de sus dedos
hasta la boca, y me mostraba su saliva en la yema de uno de sus dedos, ahí
me di cuenta que corría serio peligro.
Yo forcejeaba como un animal acorralado, el muy hijo de puta me separó con
su pies mis piernas, abrió mis nalgas, y me pasó sus dedos húmedos con
salivas por la entrada de mi culo, acercó más su cuerpo hacia el mío, esa
cercanía de su cuerpo, además de sentir su miembro en mis nalgas.
A pesar del ruido de la ducha, de la violencia que significaba, me
estremeció hasta los pelos, tuve una erección con la misma sensación como
cuando la experimente siendo chico con esos zapatos de mi cuñada, me costo
disimularlo, puesto que mi violador se dio cuenta al momento.
Comenzó a besarme el cuello, sus labios expertos se interesaban en mi boca,
la mezcla de la humedad de su boca, el contacto de su piel peluda y mojada
junto al mío venció mi resistencia y me deje recorrer y lo bese en esa
posición incomoda como estaba.
El cambio de situación, de fuerza bruta por un cálido abrazo, me permitió
liberarme, me dí vuelta y yo también comencé a participar de sus besos.
Instintivamente lo recorrí con mi labios, no pensé en nada y me dediqué a
disfrutar de mi macho agresor, el descubrir el gusto diferente de un hombre
como nunca me imaginé me cambiaba por completo. La conciencia estaba ausente
en mí.
Hasta me arrodille y comencé a chuparle la verga, dado que era mi primera
vez no hice mal, hasta que me puso contra la pared y con una, ahora,
violencia consentida, el comenzó a chuparme la cola, de la calentura que
tenia no hizo falta mucha maniobra, le facilité las cosas separando mis
piernas para descubrir lo maravilloso de su lengua en mi culo, acompañó su
búsqueda con sus dedos expertos, introdujo uno luego otro, luego sin dejar
de chupar y mordisquear mi cola, se mezclo saliva y jabon en el pingo.
Me inclino hacia él y sin decirme nada me penetró sin miramientos, lancé un
grito de dolor y placer que me parece los escucharon los que estaban afuera.
Mis lagrimas se confundían con el agua de la ducha, y esa fuerza en mi
interior deliciosamente violentada no hacia mas que dilatar y gozar. Me
cogió con brutalidad desesperada que me dolía, que me gustaba de puta madre,
hasta que lo sentí acabar como un condenado, su leche caliente desbordaba en
mi recto.
Cuando salía de mí, justo en ese instante recuperé mi conciencia y reaccioné
mal, tanto que mi enojo me transformo en otra persona, lo insulte y lo putié
como a nadie por lo que me hizo, y me hizo hacer, y me nacieron fuerzas de
no se donde que comencé a pegarle como a un condenado, le dí tantas
trompadas que lo deje en suelo con la cara sangrante, puesto que me había
robado algo muy intimo, de decidir voluntariamente si lo tenia que hacer y
elegir si lo quería hacer, lloré tanto hasta que él también llorando me
pidió perdón. Luego nos vestimos sin decirnos una palabras y no nos vimos
más. Intento acercarse más de una vez pero no hubo caso nunca lo perdoné.
Luego de ese difícil momento que viví, que no se lo conté a nadie, recién
ahora lo hago. Sentí como que algo se encendió, como que ese algo que nunca
terminó de cerrar en mi, comenzaba a madurar. Mucho no se notaba hasta antes
de esos hechos, pero sentía como que ese algo suave y femenino se iba
apoderando y crecía dentro de mí. Trataba de no pensar pero, los recuerdos
de mi niñez con mi cuñada, mis fantasías creciente por todo ello, sumado a
la traumática experiencia en la ducha y la perdida impensada de mi
virginidad. Era mucho más fuerte que yo, aprendí a masturbarme y lo hacia
tratando de calmarme pero me perturbaba más, ya sin descanso.
Al poco tiempo, por esa época mis viejos compraron una casa más amplia y
cómoda, con toda mi familia nos cambiamos a ella, estaba bastante crecidito
como para tener mi propio dormitorio, dijo mi mamá.
Mi tan soñada intimidad ahora era realidad. Como nunca pude abandonar mis
fantasías y deseos infantiles, aproveché entonces para repetir pero con más
conciencia mis jueguitos solitarios de aquella vez, y preparme a disfrutar
alguna vez de un hombre hecho y derecho, pero como tiene que ser, hecha una
mujer.
Lo primero que se me ocurrió fue pedirles a mis viejos un espejo grande, con
la excusa de estar un poco ya crecidito, cuando me lo trajeron, lo coloque
estratégicamente en un rincón y en sus paredes laterales me conseguí otro de
un amigo, para tener una vista panorámica de mi cuerpo entero, que a
propósito estaba muy bien, y me parece que me tenia unas ganas, pero por
esas cosas de reprimirnos creo, no llegamos a nada. Hice todo los
preparativos de un ritual de iniciación, a mis 14 años, en un año y en poco
tiempo experimente muchas cosas lindas y no tan lindas.
Además, mi ingeniería mental estaba a toda maquina, por ese entonces
consultaba por todo y a todos, como loco consumía todo tipo de libros y
revistas, especialmente las eróticas, todo lo relacionado al sexo me
interesaba, soy autodidacta, leía apasionado las confesiones, los relatos
de la primera vez, necesitaba toda la información para tratar de entender y
conocer lo que me estaba pasando..
Cuando tuve preparado todo, mentalmente también, mi dormitorio quedó como yo
quería, con los espejos bien posicionados.
Me quedé frente a frente, conmigo mismo, mirándome como una hora, como
tratando de encontrarme, de descifrar algún código equivocado, como buscando
el corto circuito producido en mis pensamientos, ese algo que me empujaba a
algo que casi no me daba respiro.
En eso sentí la necesidad de romper con toda mi resistencia, de liberar mi
lado reprimido? durante tanto tiempo, y dar paso a ese algo que creció
conmigo, ese deseo perceptible solo por mi mente de ser lo que nunca quise
que pasara pero que sucedió, que mis ojos descubran verdaderamente quien
soy, que fluya naturalmente mi deseo de probarme vestidos, zapatos que mi
cuerpo experimente verse como mujer, como hembra, como yegua o puta, como
quien quiera llamarlo.
Luego de una milagrosa ducha donde me afeite los pocos vellos que tenía, a
pesar de que la naturaleza me dio la ventaja de ser casi pelos, me puse
crema en todo el cuerpo. Así sin ropas me dedique a mirarme, frente a mi
soledad recién en ese momento descubrí mi verdadera desnudez, la de mi
cuerpo, mente y por que nó de mi alma.
Instintivamente en forma refleja, coloque mi pene bien para atrás
ocultándolo, como buscando dar forma a una línea imaginaria en mi
entrepierna, como forzando una gentilidad negada, luego me calce los zapatos
tacos altos color negra que tomé prestada a una hermana, por suerte de mi
misma talla que los usaba para ir a bailar.
Ahí me di cuenta, cuando mis ojos en soledad me devolvían la imagen de mi
cuerpo, recién en ese momento comencé a comprender el porqué, de mi negación
inconsciente o consciente por ser diferente al resto, de enterarme no sin
tristeza de que mi naturaleza estaba marcada desde hacia mucho tiempo. De
descubrir que mis atributo innatos? Era una bendición en vez de un castigo,
y en mi interior, una voz repetía sin cansancio que lo tenia que disfrutar.
También de descubrir el porque mis compañeros tenían razón en mirarme con
peligrosa atención mis cualidades, especialmente el culo, mi alegría era
incontenible, una lágrima combinada con una sonrisa se dibujó en mi cara,
casi tengo un orgasmo instantáneo.
Mi asombro era mayor cuando viendo mi silueta, mi figura transformada, en
todos los perfiles, me devolvían un sueño hecho realidad, estaba sin ropas
desfilando y posando, como lo deseaba y lo que más quería cuando era chico,
verme con zapatos tacos altos desnudo frente a un espejo, disfrutando como
lo hacia mi queridísima cuñadita, cambiando de posición una y otra vez,
levantando mi cola en cada pasada un poco más, quedé encantado con mis
piernas, me estilizaban de una manera tan femenina dándome unas
pantorrillas bien formadas, como siempre fui delgado tenia una cintura muy
chiquita, mi culo y mi cadera como dije anteriormente resaltaban primero,
ahora sus redondeces expuesta en todo, denotaba vida y mucho más.
En definitiva me gusté mucho, no me ví como cualquier adolescente en
desarrollo, quedé extasiado con mi transformación a joven mujer. Termine en
una hermosa paja, fué con tal fuerza que manche casi todo el espejo.
A partir de allí, decidí avanzar con más de confianza en mis gustos pero
siempre en secreto, me gustaba vestirme con ropas de mis hermanas, cuando no
estaban en casa, descubrí que con las tangas y los jeans ajustados de una
hermana me hacían una cola increíble o cuando me puse unas calzas grises
gastaditas, que tenia ella para ir a gimnasia, la sentía muy suave, que se
me metía en la cola con mucha facilidad, que era elástica y se adaptaba a
mi cuerpo, que podía tocarme con las calzas puestas y sentir como si
estuviera desnudo, enloquecía por esas calzas cuando los combinaba con los
tacos altos. Pero lo máximo era cuando me puse unas minifaldas de colegiala,
me encantaba la cola que me hacían, me miraba al espejo y no dejaba de
tocarme y masturbarme era muy placentero sentir una tanga en la cola, me
hacia "..cosquillitas".., me excitaba mucho tenerlas puestas.
Paralelamente empecé a experimentar sensaciones que iban en aumento, locas
fantasías de ser sometido, ganas de penetrado, tener algo dentro, repetir
las vibraciones de mi cuerpo en contacto con otra piel, me imaginaba repetir
mi violación pero con un hombre mayor de manos y brazos muy fuertes, hasta
me imaginé perdonar a mi compañero, que me tomaba por detrás en un gran
abrazo y revivir lo de la ducha. Estaba para cualquier cosa, pero no lo
llamé.
Comencé a juguetear con los dedos mientras me duchaba, cuando me introduje
un dedo lance un grito que casi no pude ahogar, luego probé delicadamente
con dos, pero la necesidad de tener algo duro, más grande dentro mío, fue
creciendo de menor a mayor en mis sesiones secretas, dado que después de
Gustavo en la ducha, no tuve contacto con ningún chico e hice mal no porque
no tuviera oportunidades sino que se me dio que tenia ser mayor.
Hasta que se me dio por fabricar mi propio "..hombre".. que lo hice sin que mi
viejo se diera cuenta en el taller de él, con un palo pacientemente lijado y
torneado le di forma de un pene, lo hice tan natural con algunas rugosidades
en su cuerpo, con un tamaño un poco más grande que el mío , justo como el de
Gustavo y con un toque especial en su punta, con glande y todo, lo llamé
Pedro, y lo pinte de un color particularmente rojo, mi segundo amante
perfecto.
La primera vez con Pedro fué toda una ceremonia adorné mi cuarto con flores,
cambié de color la lampara de luz a una más tenue, me puse tanga, corpiño y
medias de seda al tono con unas hermosas ligas, en conjunto muy sexy y
delicado, me vestí con un camisón corto color negro sugerente, combinadas
con unas sandalias tacos agujas tipo Luis XV que tanto me gustaban, a todo
estas ropitas se las tomé prestado de mi segunda hermana.
Me veía verdaderamente una diosa, una yegua caliente dispuesta a todo por mi
amado, disfrutaba de mi transformación a una mujer libre, con mi figura
renovada, con todo mi ser resueltas a dar un protagonismo dormido, aunque
más no sea por un rato frente a Pedro en mi espejo.
Me imaginé un baile muy sensual con mi amado que me desnudaba muy lentamente
hasta quedar solamente vestida con los zapatos, cruzaba mis brazos por todo
mi cuerpo, hasta que me pongo de rodillas hacia él para sentir con mis
labios su gusto a "..hombre".., le coloco un preservativo para suavizar su
aspecto, con un poco de crema.
Lo guió a él, en mi ritual hasta la cama, en realidad junto a Pedro sobre el
respaldo de mi cama, en esa posición me espera bien erecto, en un juego de
seducción felino, lo animo hasta que lentamente me comienzo sentarme de a
poco encima de él, dominando los movimientos de penetración para no hacerme
daño, pero mi calentura pudo más y la siento de un solo golpe dentro mío,
lanzo un grito desaforado, un alarido de placer que no logro ahogar cuando
la sentí bien adentro, era toda mía, en ese momento mi madre se asustó y
golpeó la puerta de mi cuarto, por su puesto que le dije que estaba
durmiendo y tenia una pesadilla.
Estuve cogiendo en esa posición con Pedro no sé que tiempo hasta que acabé
también a los gritos que también difícilmente pude contener. Ese fue mi
primer acto de entrega total a mis fantasías, sin violencia, y muy
preparada.
Durante un tiempo empiezo a masturbarme analmente, gozando en soledad frente
al espejo, lo disfrutaba mucho, toda una sesión dedicada a contener mis
fuertes deseos. También cuando me duchaba lo seguía haciendo con los dedos,
descubrí el mango de un secador por su forma y tamaño perfectamente se
adaptó a mi cola pero obviamente no era suficiente yo necesitaba algo
"..real"... No obstante no dejaba de ser un secreto.
Hasta que una vez después de una fiesta con unas copas de más, me decidí por
algo más. Invité a un travestí de la calle a dar un paseo en moto, nos
fuimos hasta un descampado donde intente hacerle el amor, con los pantalones
a medio bajar, pero para mi sorpresa nunca pude mantener una erección, sin
darme cuenta me acostó y comenzó a desnudar hasta que decidió darme media
vuelta, entre el alcohol no lo había razonado del todo pero cuando me abría
las piernas de una manera torpe y a pesar del pedo que tenia alabó mi cola,
a lo que accedí a hacerlo, lamentaba en ese momento no tener puestos los
zapatos. Se acostó, me pidió sentarme encima de él, me salivo el culo
previamente, pero para mi sorpresa su pene era tan pequeño que apenas lo
sentí rozar mi interior, el placer buscado no llego en ese momento, me
termine vistiendo rápidamente y me fui.
Mirarme en el espejo desnudo solamente vestido con zapatos tacos altos, de
coger con Pedro, ya no me satisfacía, quería algo real si o si.
La sensación de frustración apareció nuevamente en ese tiempo pero mis
pensamientos nunca me abandonaron, menos aun habiendo experimentado tanto en
tan poco tiempo y porque aprovechaba disimuladamente para visitar y
comprarme a escondidas con cualquier zapatos, ropas sexy de moda y toda tipo
de lencerías femeninas.
Antes de cumplir los 15, en una tarde estaba en una plaza sentado cruzado de
piernas pensando en mi líos, en mis ambigüedades y que se yo.
En ese momento, se me acercó un muchacho de unos 30 años, morocho de buen
aspecto, atlético, diciendo que hacia rato me estaba mirando, desde unos
pocos metros donde estaba en otro banco, y que le llamó la atención mi
figura, la forma llamativa que cruzaba mis hermosas piernas de un lado a
otro, que era muy linda, así de una.
Me reí de su caradurez pero había algo distinto en él, que no me hizo
reaccionar ya que nunca fui avanzada, menos tratada tan femeninamente de esa
manera por un hombre, se sentó a mi lado.
Se presentó como RAUL y comenzamos a hablar de diferentes temas sin
importancia hasta tocar temas familiares, cosa que jamas hice con un
desconocido.
Me invito a tomar un café a un bar enfrente donde estabamos, acepté, me
dije a mi mismo por qué nó, ya que fue tan sincero, tan natural que me
gustó y nuestra charla era amena.
En ese lugar la conversación fue a un plano más intimo, casi de
sinceramiento mutuo. Un roce casual de mi pierna con la de él, me provoco un
golpe eléctrico, mi abierta personalidad de mujer comenzó a ganar espacio en
ese momento, me imagine en un segundo estar desnuda con los zapatos al mejor
estilo de mi cuñada en la infancia, mi calentura iba en aumento hasta
difícil de ser ocultada, al parecer mi desconocido acompañante se dio cuenta
de ello porque me tomo de las manos, me dio un pequeño beso, y me dijo que
lo siguiera a su auto, como quien se deja llevar lo seguí sin decir una
palabra, el repitió a otro lugar para estar más tranquilos, cómodos y
descubrir otros sentimientos sin inhibiciones, esas pocas palabras no
hicieron falta, ya me había convencido en la plaza..
Antes le pedí que se detuviera y me tuviera paciencia unos minutos, puesto
que me tenia que preparar para la ocasión, sino no lo podría hacer en otro
momento, le dije la verdad también de una, por ser sincero, que era para
comprarme unos zapatos que había visto en esa cuadra, que antes había visto
unas hermosas sandalias con unos tacos agujas de charol que sería una
sorpresa de película le dije, me entendió y me termino regalando un conjunto
de colegiala y de lencería erótica que compro parando en una galería, con la
excusa de no tener cigarrillo. Era tan caballero que me dio un chupón en la
boca que me dejo sin aire como único adelanto antes de llegar.
Fuimos al primer hotel que encontramos en el camino, está de más decir que
entregue como una presa fácil, pero no me importaba, era la culminación de
mis deseos hecho realidad con un hombre de verdad y la oportunidad de
descubrir mi lado femenino que tanto me llamaba e imaginé por mucho tiempo,
encontrarme a mi mismo en el mundo y no tan reprimido como en mis fantasías
con algo REAL.
El lugar escogido, era el de mis fantasías, era un hotel coqueto, la
habitación estaba recubierta de espejos, la cama matrimonial tenia forma de
un corazón, cubierto de un rojo intenso, mi tremenda calentura no me
permitió disfrutar de la belleza del dormitorio, o él no dejó ver casi nada.
Una vez en el interior, me tomó de una forma suave, casi paternal que me
nació abrazarlo e instintivamente nos besamos con desesperación, sus labios
sabia muy diferente, era mi primera vez con un hombre de verdad y me deje
llevar. Casi sin darme cuenta me estaba desnudando, pero reaccione a tiempo
para darle la sorpresa, le pedí ir al baño antes que nada.
Hubiera pagado fortuna por tener congelado la cara en una imagen para
siempre de RAUL, cambió de una manera tan sorprendente que sus órbitas
quedaron incrédulos, pues se volvió loco de contento al ver mi
transformación a colegiala, según sus deseos.
Posé para él en un desfile privado, mi desenvoltura era tal, que no tuve
problema ya que de eso ya tenia experiencia, el dominio de mis tacos al
caminar demostraba seguridad como si siempre los llevara puestos, estaba tan
contento con mi transformación que me aplaudía, me dí cuenta que me comía
con los ojos y me arrojaba a él, me abrazaba y besaba, me chuponeaba por
donde le complaciera, especialmente mi culo.
Pero continuaba disfrutando yo también íntimamente frente a los espejos,
estaba tan caliente el ambiente, que me decía cosas chanchas, y muy lindas a
la vez, que levantaba mi ego de nena mujer.
Para hacerla completa lo único que me faltaban eran unas par de tetas
exuberante, pero lo mío después de todo no era despreciable a pesar de no
consumir hormonas, compensaba con mi piel suave, envuelta en las divinas
lencerías, ver mi cadera y culo generoso casi perfecto, sentirme acompañada
por un hombre en mi goce revelado, seguido por los espejos, por poco provoca
mi eyaculación espontanea.
Y yo decía en mi interior, lo que se perdió mi compañero Tony por lerdo,
quien era el único con quien hubiera tenido algo, y que creo más se
calentaba con mi cola, pero en esa época no lo quise tentar ni tentarme,
justo en mi colegio.
Con Raúl, el desconocido, no estaba nada mal, me dí riendas sueltas al goce
total, me besaba y chupaba que me deje llevar y sentir sus labios con tanta
entrega, me costaba respirar por momentos, me pasaba su lengua con tanta
experiencia que me brotaba instintivamente acompañarlo con jadeos y
movimientos de pasión, hasta que me puso en un 69 de película. Recién en esa
postura saque su pingo de su pantalón, era muy grande que no me entraba
entera en mi boquita, pero me di maña para hacerlo, hasta me hizo dudar en
un principio si mi culito se bancaria tamaña pija, por lo grande que era,
casi 25 x 5.
Pero descubrir el gusto de un macho, de un pene real y lo que se siente ser
lamido y chupado con tanta maestría, me hizo olvidar mis vagos miedos, le
pedí a gritos que me cogiera, que me culiara como quisiera, que no demorara
mas mis deseos estancados durante tanto tiempo. Pero el muy turro se dedico
a lamerme como quiso, donde quiso y cuando tiempo se le viniera en ganas, no
descuidó ninguna parte de mi cuerpo, cuello, cola y piernas eran los lugares
que recuerdo se detenía con exquisita paciencia, yo obviamente no me
resistí, solo gozaba y gritaba de placer.
Primero se puso el preservativo, se coloco gel lubricante y me pidió que me
subiera encima de el para que yo maneje los movimiento de penetración, como
yo con Pedro tenia ya esas experiencias no me costo aceptarlo. Todavía
estaba vestida, así es que antes me levanto la mini tableada de púber que
tenia puesta, corrió un poco la tanguita e introdujo su lengua tan profundo,
que todavía se me pone la piel de gallina de recordarlo.
Luego me introdujo un dedo, luego otro hasta que estuve bien dilatado para
recibirlo, pero el calor que tenia era más y me senté encima de el, tuve la
sensación inicial que me partía al medio, pero de una manera casi experta,
me fui relajando y de a poco me fui amoldando a él, y la combinación del
dolor a placer fué aumentando a una desesperación que me recorrió de la
punta de los dedos de los pies hasta los pelos de mi cabeza, después me
acompaño con movimientos hacia arriba hasta que la sentí bien profunda, toda
mía en todo su dimensión, YO galopaba con fuerza como queriendo acortar el
tiempo de la espera.
En un momento sacó su chota de mi gustoso y recién estrenado culito y se
dedico de nuevo a besarme, lamerme y chuparme desde los pies hasta mi
orejas, recorriendo con su lengua húmeda y habida con una lentitud que me
quise morir o de gritar hasta morir, el hijo de puta como me lamía y chupaba
a la vez, el paroxismo me ahogaba cuando le dedicaba a mis piernas, me
faltaba la respiración, el se detenía para que diera bocanada de aire y
siguiera gritando como una loca, como una puta cualquiera, entregada para lo
que sea.
Después, se tomó todo el trabajo y el tiempo del mundo para desnudarme, me
sentó para sacar mi blusa, con los dientes retiro los broces de mi corpiño,
y mi tanga le llevo una eternidad, acompañando con lengüetazos a mi raja del
culo desesperada, me fue sacando de a poco las sandalias y besar mis piernas
depiladas con una dedicación única, lo único que le pedí era que me volviera
a poner las sandalias.
Hasta que me tuvo bien desnudita, toda entregada para él, recién se saco la
ropa, me puso boca arriba y en una postura nueva pero cómoda para mi, me
levantó las piernas hasta sus hombros y de una sola estocada me la puso,
SENTIRME MUJER Y SER MUJER era lo mismo en ese momento, , sentí que mi vida
cambiaba, y en ese instante brutal acabé de una manera que lo bañe casi de
un solo chorro, pero el siguió, sus testículos golpeaban mis nalgas y yo lo
sentía mío, nadie en el mundo me haría cambiar de opinión después de esto,
hasta que volví a acabar y el siguió como si nada, hasta no se que tiempo
pero lo deje, le pedía a los gritos, que era suya, que era su nena, que no
terminara nunca. Sentía sus poderosas manos tomar mi cintura y continuar el
bombeo, increíble, bello, único. Yo atinaba a seguirlo como mis movimientos,
no me importo que me besara, que me mordiera, me sentía su mujer.
Hasta que lo sentí invadir mi ser con su leche que me rebalso toda, y yo
también acabé nuevamente, en esa posición sin desprendernos, me dió vuelta,
me puso boca abajo y se dejó caer sobre mi, su pija no dejaba de palpitar en
mi interior, y sentía latir todo su cuerpo a la vez, que maravilloso era su
peso sobre mí, pero para mi alegría sacó una potencia extra de no se donde,
su pitón volvía a cobrar firmeza y me comenzó a coger, culiar, como quieran
llamarlo de una manera celestial pero esta vez le pedí terminara una parte
dentro mío, otra sobre mi cola, espalda y alcanzó para deleitar mis labios.
Con RAUL, después vivimos una doble vida, el se casó, pero estuvimos unido
un par de años, siempre que podía me transformaba en su nena, además a
partir de el aprendí a ser deseada y amada por otros hombres.
A partir de esa noche mi declaración como mujer fue total, sentí completar
mi identidad de hembra, tanta veces oculta, comparto los extremos de la
vida y de los gustos.
Yo seguí en el colegio, pero esa es otra historia. Quien quiera comunicarse
conmigo lo puede hacer: drarios68@hotmail.com
Dra. Ríos.