Aprendiendo a besar.
Enviado por WALTER H. el día Jueves 24 de Julio de 2008
 
“¡Vos eras mi novia!” – Solía decirme un chico de muy corta edad (similar a la mía), mientras yo, desnudo de la cintura para abajo y sentado sobre su entrepierna, más precisamente sobre su “pitito”, aceptaba sumisa y pasivamente ese “rol femenino”; pero tengo que confesar que ello no me disgustaba para nada.
 
Aquel “vos eras mi novia”, era el fiel y cabal reflejo del pensamiento de los chicos de aquel entonces (hace cuatro décadas atrás), ya que por un lado no se concebía una relación si no se trataba de un “noviazgo” heterosexual propiamente dicho y por otro lado, al no existir nada pero absolutamente nada referente al tema sexo, como puede ser todo lo que hay hoy en día al respecto y al alcance de todo el mundo (Internet, revistas, televisión, video cable, etc.), había que experimentar por uno mismo.
 
Yo cumplía perfectamente con aquel rol de ser “la nena de los chicos del barrio y de mis compañeros de escuela” ¿Porqué? Una piel exageradamente blanca, suave, tersa, impecable y hasta perfumada, el cabello rubio, los ojos claros y una boquita que era una permanente invitación a ser “comida a besos”, pero por sobre todas las cosas, una espectacular cola la cual, a una edad a la que aún no se manifiestan diferencias sustanciales entre los “traseros” de las chicas de y de los chicos, sobresalía nítidamente, haciendo las delicias de todo el mundo.
 
Además de ser “un muñeco” (modestia aparte), era de esos chicos que nunca decían “¡No!” y si a ello se le suma una falta total y absoluta de vergüenza, pudor, etc., a la hora de mostrarme desnudo ante quien fuera y en el lugar que sea, tenía el perfil ideal para ser “la nena” de aquellos chicos que, queriendo experimentar con respecto al sexo, sin resignar su condición de “varón”, encontraban en mí a la persona adecuada para llevar a cabo sus deseos, fantasías e inclusive sus necesidades de índole sexual.
 
Aquel “rol femenino” no sólo era aceptado y de muy buen grado por mí, sino también, como expresé en el párrafo anterior, por otros chicos y muy especialmente por quienes comenzaban a ingresar en el período de la adolescencia (la etapa de la “revolución hormonal”), ya que ellos, tal vez por no querer pasar cierta vergüenza o algún tipo de “papelón” ante sus eventuales novias (chicas), solían practicar sus “besos en la boca” nada más ni nada menos que conmigo.
 
Aquellos adolescentes y pre-adolescentes solían, aprovechando la oscuridad de la noche, llevarme al interior de una obra en construcción, a un terreno baldío, al patio trasero de su propia casa, etc., pero siempre tratando de que todo ello se diese en la mayor de las reservas y una vez allí, se reiteraba nuevamente aquello de “¡Vos eras mi novia!”, pero en esta ocasión y a diferencia de los otros, los chicos, en lugar de “tomar mi hermosa y preciosa cola”, me comían la boca a besos (aunque a más de uno siempre se le escapaba una mano).
 
Hay cosas que, si bien requieren de cierta práctica, al ser algo normal, natural y que forma parte de la vida misma, son fácilmente aprendibles como en este caso, los “besos en la boca” y si bien como todo “principiante” he tenido que experimentar los típicos “choques de narices” y el resto de los inconvenientes atribuibles precisamente a esos primeros besos, rápidamente me convertí, si no en un experto, en alguien bastante bueno a la hora de “dejarse besar”.
 
A sabiendas de que en esos momentos era yo “la novia de los chicos”, solía observar a las parejas (sobre todo a las mujeres), discretamente por cierto, cuando estas se besaban en la boca y allí aprendí, por ejemplo, a adoptar la posición más apropiada para ser besado, esto es en relación a la altura o talla propiamente dicha y a la contextura física y como yo, dentro de ese contexto, siempre era menor que mis “besadores”, ponía en práctica mi aprendizaje visual, colgándome del cuello de los chicos, haciendo que estos me rodeasen con sus brazos por mi cintura y cerrando lo ojos ante el inminente contacto “labio a labio”.
 
Mis primeros besos en la boca, mi primer “beso de lengua” y no sé si mi primer beso de amor, se los debo a aquellos chicos y creo también que ellos, tal vez me deban una cierta experiencia previa adquirida gracias a mí y mi condición circunstancial de “novia”, al haber besado por primera vez a una chica, pero deudas aparte, muchos de los chicos de aquel entonces, me besaron en la boca a mí antes de que lo hiciesen con una “fémina” y ello no hace más que dejarme un muy buen sabor de boca.
 
Hoy en día, todo lo que acabo de exponer, podría resultar gracioso, risueño, impensado e inclusive hasta poco creíble, pero hay que remontarse a la época en la que se sucedieron los acontecimientos (cuatro décadas atrás) y ponerse en el lugar de aquellos chicos, para llegar a comprender (o a imaginar al menos) su proceder.
 
Por último y para finalizar, me gustaría muchísimo que, si alguno de los lectores se ha sentido identificado de alguna manera con mi experiencia, ya sea por haber sido una de las partes involucradas (el besador y el besado) o por haber visto o conocido una situación similar, que se comunique conmigo ya que, si bien todo esto tal vez pueda parecer irreal o poco creíble, como manifesté anteriormente, creo que no debo ser el único en haber sido el instrumento utilizado por algunos chicos, para “aprender a besar”.
 
Escribile un e-mail al autor:
walterculindohache@yahoo.com.ar

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