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SEXO EN EL METRO |
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Enviado por Deolindo Zanuttini el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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SEXO EN EL METRO Nunca olvidaré de aquella oportunidad algo súper especial, me refiero al tamaño extraordinario que logró mi pene en aquel encuentro, un tamaño que nunca he vuelto a experimentar. Tengo
poco más de 22 años, soy robusto, bien parecido, sano como un toro,
pero como nada es perfecto, y yo no soy la excepción, sufría de
calentura, me explico: las mujeres me volvían loco, era tanto así que a
veces iba al banco o a algún trámite parecido y dejaba todo por seguir
a alguna mujer que me calentaba. Fue así como nació esta historia. cute; que me iban a dar un apretón para defenderse de mi violación silenciosa, pero no, el cuerpo no miente, y eso significaba una sola cosa, estaba tan o más caliente que yo. Ella bajó mi cierre suavemente, introdujo su mano y lo tomó como si quisiera arrancarlo, pero suavemente. El pequeño dolor que sentí se tornó placentero y como si el tiempo o el destino quisieran que las cosas ocurrieran hubo un corte total de luz por diez minutos. Fue como si a través de nuestras caricias nuestros cuerpos se hablaran. La luz se apagó completamente, se escucharon gritos y silbidos de malestar en los pasajeros, pero nosotros estábamos felices. Ella me tomó el pene y lo acarició al extremo de hacerme sentir explotar. Sacarle los calzones era imposible, así es que se los corrí hacia un lado y le separé los pocos pelitos, ella abrió las piernas y me ofreció todas las delicias de su cuerpo. Sin soltar mi pene se acercó más, como si quisiera meterme en su cuerpo y se lo introdujo lentamente hasta que lo tuvo todo adentro. Tomó por primera vez mi mano y me la llevó hacia su conchita, empecé a frotársela, jugué con su clítoris, hasta que sentí cómo de su conchita salía un líquido en abundancia. Por un momento pensé que se había orinado, pero sólo era su naturaleza de mujer. Yo no podía moverme porque cerca de mí, había una señora de edad, sólo podía hacer una que otra contracción con mi cuerpo. Lo que nunca olvidaré de aquella oportunidad es algo súper especial, ya que en sí todo fue especial, me refiero al tamaño extraordinario que logró mi pene en aquel encuentro, un tamaño que nunca he vuelto a experimentar. Con mi mano la invité a que se moviera, cosa que ella no rechazó, a la vez empezó a respirar fatigosamente. Su compañera en la oscuridad le preguntó si le pasaba algo, apenas con un susurro contestó que tenía mucho calor, continuó moviéndose y yo continué frotando su clítoris, en esos momentos nuestras cabezas estaban prácticamente juntas. Oí su voz en mis oídos diciéndome "¡Ahora!, ¡Ahora!" Fue como una orden, me vacié completamente dentro de ella. Nuevamente sentí ese líquido entre sus piernas, había tenido un segundo orgasmo. Tenía deseos de besarla y lamerla, pero el destino es ingrato y no puedes pedirle más de lo que él te quiere dar. Autor: Deolindo Zanuttini |
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