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Enviado por Tito el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Estar carta no tiene
un rubro para ser publicada, ya que no es de sexo, sino de amor. De un amor
imposible, y de sexo imposible. Ella se
llama C.M., y yo Tito. Ella tiene 37 años, soltera y con problemas para
encontrar compañero, pequeña, bien formada. Poco pero lo justo. Un cuerpo muy
agradable. Yo, 58 años, casado, con problemas de pareja; con un cuerpo que nada
tiene que ver con el de ella, y tampoco nada envidiable. Mi cuerpo no es lo
mejor que tengo. Hace
unos 10 años que nos conocemos. Pero durante 8 años solamente fuimos conocidos,
casi amigos. Luego comenzamos una relación laboral bastante cercana. O mejor
dicho, una relación laboral que nos fue acercando.
Comenzamos a hacernos amigos, amigos cada vez más íntimos. Comenzamos a
confiarnos las dificultades de nuestras vidas de relación.
Ella
está enamorada de un hombre con el cual estuvo en pareja por un par de años.
Luego se separaron pero no lo olvidó. Para nada. A
tenido, tiene, innumerables pretendientes. Estuvo saliendo hasta hace unos meses
con el que podríamos decir fue su último novio. Parecía estar feliz con él, pero
siempre sin olvidar a quién es su gran amor. Aprovechó, o sea, no luchó para
retenerlo, cuando ese hombre le manifestó que no deseaba seguir con
ella. A esta
altura de nuestra relación de amigos íntimos me di cuenta de que estaba
enamorado de ella. Y también a esta altura de mi vida, y luego de más de 30 años
de casado, me di cuenta de que no sentía nada por mi esposa, que solo era
rutina, que cada vez me molestaban más sus comportamientos; esas cosas que antes
dejaba pasar simplemente porque eran tonterías, ahora eran dramas de pareja.
Me
siento muy lejos de mi esposa y muy, muy cerca de ella. Pero no se lo puedo
decir. Solo me aprecia muchísimo como amigo. Somos cómplices, somos el oído del
otro, somos inseparables. Nos mandamos mensajes de texto por el celular varias
veces al día, y no siempre por trabajo; muchos son solo excusas para estar
comunicados. No le
puedo manifestar el profundo amor que siento por ella, ya que de hacerlo se
rompería la amistad. Y necesito estar a su lado, no físicamente, sino al lado de
su alma, de su corazón. Solemos
juntarnos a desayunar, a almorzar. Generamos trabajo por la misma zona solo para
estar cerca. Tenemos largas charlas sobre su soledad y la mía. Hace unas noches
estábamos cenando en su casa y, tomando su mano como un amigo toca a una amiga,
le manifesté que la noche que estábamos viviendo era ideal, pero que estábamos
ambos con la pareja equivocada, ya que en un par de horas más los dos estaríamos
durmiendo solos. Me miró a los ojos y con una mirada triste, desolada, en la que
se notaba que pensaba en su gran amor, asintió. Rápidamente me marché. Me dolía
el alma estar a su lado. Le pedí que no me acompañara al salir y lloré comino a
casa, hasta que me dormí. Al despertar a la mañana siguiente tenías la sensación
de haber llorado hasta hacía pocos minutos. En mis
sueños la abrazo, la beso tenuemente, acaricio sus labios con los míos. La
abrazo con cuidado para que se “rompa” de tan frágil que parece. Pero no es nada
frágil. Por lo contrario, es sumamente fuerte, e inteligente, y decidida. No es
bonita pero es hermosa; sus labios son finos pero muy sensuales; sus ojos con
corrientes pero vivaces. Su rostro no dice nada especial pero irradia energía,
sensualidad. Mis
sueños haciéndole el amor no se los voy a compartir porque quiero que sean
solamente míos. Pero tengo sueños increíbles poseyéndola con sumo cuidado, con
inmenso placer. Con amor. Sueño hacerle el amor, no teniendo sexo. Cuanto la
amo. Mi
corazón sangra solo de pensar que puedo llegar a perderla sino actúo con
cautela, con respeto. Yo le
había expresado que sentía celos por los hombres que la cortejan, y que lo único
que no me molestaba era cuando me hablaba de su gran amor, ya que él había sido
su GRAN AMOR. Que todos los demás, y conozco a unos cuantos que andan detrás de
ella y que con variadas excusas la llaman, me generan un intenso sentimiento de
celos. Como a ese padre de hija quinceañera que sabe que en cualquier momento un
gilastrum le desvirga a su hija. Así me siento.
Hablamos, o hablo, con mucha libertad sobre sexo. Ella me escucha y me comparte
sus cosas sin entrar en detalles. Es reservada y pudorosa. Como debieran ser
las mujeres. De todas maneras, solo tiene relaciones sexuales con un hombre
cuando podríamos decir, es su novio, después de varias salidas, cuando comprueba
que con esa persona podría hacer su futuro. Mi
manera de decirle que he tenido sexo con mi esposa es la frase “conté
plata”. Ella es
muy reservada sobre su intimidad, y recién, hace pocos días me manifestó que
había tenido sexo, expresándome entusiasmada la expresión “conté plata”. Se
había encontrado con su gran amor a charlar, y luego de más de una hora de
conversación en la que al fin pudo expresarle que lo ama, terminaron en un
hotel. Su
relato me emocionó, ya que deseo que con él pueda hacer su futuro, formar la
familia que añora, tener los hijos que desea. No sentí celos, sino tranquilidad,
ya que de concretarse esa relación quedarían excluidos todos los demás que la
rondan, a los que ella no acepta pero sí tolera. Por esos sí me siento celoso. Y
cuanto. En una
ocasión, hace unos 5 años, mi mujer me compartió que estaba enamorada de un
hombre al que por su posición le era inalcanzable. Me pareció algo natural el
que se sintiera atraída por otro y que solo era algo del momento. Y así fue. No
dije nada, solo la escuché y al tiempo me agradeció que no hubiera hecho un
escándalo por lo que le pasó, ya que solo era un deslumbramiento, como cuando
uno en la escuela se enamora del maestro/a. Lo mío
en este momento no es así. No se lo puedo decir a C.M. porque se destruiría la
amistad, la confianza que me tiene. Tal vez ya no podría verla a los ojos, o ni
siquiera me toleraría a su lado. Y no se lo puedo confiar a mi esposa porque mis
sentimientos hacia ella en estos momentos no son fuertes, me siento lejos de
ella y tal vez tomaría esta situación mía como excusa para dejarla, y lo cierto
es que deseo dejarla porque ya no es nadie para mí.
A pesar
de que ya no soy un chico, y de que he vivido muchas cosas con respecto a las
relaciones entre parejas, no se que hacer. Si cabría hacer una broma diría que
me siento más desorientado que Adán en el
día de la madre. Si alguien puede orientarme, con seriedad, con
responsabilidad, le agradecería que se comunique con migo a: titocal99@hotmail.com |
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