Nada pareció cambiar en, las relaciones con mi hermana Haydee, desde ese día
del examen . Eso al menos en el comportamiento diario de cada una de nosotras.
Ella se veía tan radiante como siempre, más segura de sí misma y con una
alegría que transmitía a su entorno y del cual era muy difícil substraerse,
dedicaba el día a recorrer los centros comerciales cercanos y en la tarde,
cuando yo salía del trabajo íbamos al cine o cenábamos en algún restaurante
cercano.
Yo por mi parte tenia una conducta externa normal, pero era evidente que en
mi interior permanecía algo no elaborado y que me impedía conciliar el sueño
en forma normal. Quizás, pensé que lo que me sucedía era algo que estaba más
bien en lo profundo de mi psiquis y que de alguna manera estaba aflorando, pero
en lo cual nada tenía que ver los sucesos que había vivido.
Tan concentrada estaba en mis propios pensamientos que no reparé sino hasta
dos días después en darme cuenta que la conducta de Haydee había sufrido
ligeros cambios. Lo primero que observé fue su marcado interés por la ropa.
Ella era una mujer que vestía adecuadamente pero nunca había sido la moda
una preocupación primordial para ella, sin embargo, ahora, se había
transformado en un tema predominante en su conversación y a menudo me pedía
opiniones y sugerencias.
Esa tarde me había pedido que la acompañara al elegante centro comercial
cercano a seleccionar algunos modelos que quería comprar, de modo que, al
atardecer caminábamos felices de tienda en tienda para sus ultimas compras por
cuanto ella debería marcharse al día siguiente. Cuando caminábamos de vuelta
a casa me dijo que le gustaría que yo le hiciese un ultimo examen para
marcharse completamente segura de su estado.
Su petición me tomó por sorpresa porque el referido examen no era para nada
necesario pero, súbitamente vino a mi mente lo sucedido en el último examen y
una confusión mental me invadió, de modo que quise salir rápidamente de la
situación diciéndole que lo haríamos a la mañana siguiente.
Esa noche prácticamente no dormí. Varias veces estuve a punto de ir al
cuarto de Haydee para hablar, como hermanas, de lo que a mí me había pasado,
de contarle lo que había sentido en el ultimo examen , o de darle alguna razón,
que no sabia cuál podría ser, para que ella se hiciese el examen con otra
medico amiga, pero al mismo tiempo me sentía anhelante de volver a verla y la
imagen de su cuerpo desnudo me inquietaba de una forma casi molesta.
Cuando Haydee llegó a la clínica esa mañana yo había recuperado mi aplomo
y creía poder dominarme sin ningún problema. Al entrar al cuarto de exámenes
vi que Haydee estaba aun vestida y me pidió que la ayudara con el sujetador, lo
que hice ayudándole a liberar sus hermosos pechos. Yo tenía los míos más
grandes que ella, a pesar que era de menor estatura y de eso a menudo nos reíamos,
pero los de ella eran mejor formados y de pezones increíblemente firmes. La
sala estaba agradablemente calefaccionada y ella parecía disfrutarla al momento
de quedar completamente desnuda ante mí. Sin embargo no se tendió
inmediatamente sobre la camilla sino que caminó, aun con zapatos, por la sala,
haciéndome algunas preguntas acerca de los diversos instrumentos allí
existentes y haciendo algunas bromas acerca de sus diversos tamaños y de mi
virginidad. Nos reíamos de buena gana.
La mujer se veía imponente en su desnudez, sus senos apuntando insolentes,
sus pezones desafiantes, sus caderas perfectas, sus muslos moldeados y sobre
todo la naturalidad con que se movía como si estuviese vestida, sin recatos,
sin pudores, en suma, hermosa.
Yo estaba arrobada en su contemplación y la verdad es que estaba casi
paralizada sin poder apartar la vista de esa figura que me tenia perturbada
desde hacia una semana. Al fin la tomé de una mano y la guié hasta la camilla.
Esta vez quise hacerlo lo más profesional posible. No quería dejarme llevar
por las ensoñaciones del examen anterior de modo que le separé los muslos con
suavidad e introduje mis dedos en su conducto vaginal con lentitud pero segura,
sin embargo sucedió algo inesperado. Haydee se movía lentamente como acomodándose
para facilitar el examen y en un momento bajó su mano derecha y separo sus
labios mayores como para que yo pudiese entrar mejor.
No tenia una actitud pasiva, como siempre, sino que estaba participando
activamente. En ese momento sentí que mis dados en el interior de su conducto
eran presionados por rítmicos latidos de sus paredes vaginales que podrían ser
espontáneos o provocados pero que nunca había sentido yo en ningún examen
realizado a Haydee.
Me quedé un momento tranquila, sin mover mis dedos y pude apreciar la
maravilla que esa mujer era capaz de hacer con su vagina. La verdad es que podía
contraerla de mil formas distintas, con diversas intensidades, como si fuese un
instrumento al cual podía arrancarle melodías embriagadoras traducidas en
sensaciones de presión variables que mis dedos estaban percibiendo sin poder
salir de mi asombro.
Ahora sabia quizás, el origen primario de la fascinación que Haydee ejercía
sobre Raúl, y entendí que sus sonidos, sus quejidos y sus gritos cuando hacia
el amor esa noche, no eran sino un acompañamiento a esta sinfonía táctil
inefable.
Intrigada y seducida por sus contracciones moví mis dedos en su interior,
tratando de tocar sus paredes en diversas partes. Ya nada me importaba el examen
innecesario de por sí, solamente quería establecer con ella un dialogo intimo
de naturaleza puramente sensorial, diabólico, porque era evidente que habíamos
encontrado una forma de comunicación más allá de toda imaginación. Estabamos
en silencio y eso era perfecto porque no habría ninguna palabra ni ningún
sonido que pudiera hacernos vivir una situación mas unitaria que esta,
estabamos comunicándonos como jamás dos mujeres podrían hacerlo hablando, ni
mirándose ni escribiéndose.
Haydee se había quedado completamente quieta y yo no movía otra parte de mi
cuerpo sino mis dedos abrazados por esa suavidad y ese calor que eran la esencia
misma de esta mujer. Ella con sus contracciones maravillosas me estaba diciendo
que quería que yo la encontrara, que la comprendiera, que la aprendiera que
estuviéramos juntas como siempre quisimos estarlo pero no habíamos encontrado
un lenguaje para decirnos lo que no nos habíamos dicho y ahora por fin podíamos
hablar, ella me estaba hablando y yo la escuchaba embelesada y el resto de mi
cuerpo le estaba diciendo que entendía, porque mi vagina estaba latiendo
enloquecida y porque mis pezones me molestaban y me dolían y porque mis pechos
querían reventar mi sujetador y mi otra mano quería buscarme en mis
profundidades pero ahora no podía hacerlo y sentía latir todo mi vientre y
sentía cada parte de mi cuerpo totalmente encendido y a punto de estallar tan
solo por el estimulo de su vagina contrayéndose alrededor de mis dedos que hacían
virtuosismos en su interior .
Entonces yo me acerqué a ella, y poniendo mi mejilla sobre la piel de su
vientre sentí la textura de sus vellos y me acaricie con ellos repetidas veces
deslizando mi rostro como si esa sensación fuera el complemento de nuestra
comunicación.
Haydee entonces se agitó en la camilla, movía los muslos tratando de
acomodarse y pude ver que sus pezones estaban atrozmente dilatados, erectos,
firmes y oscuros. Mi mano entonces simplemente enloqueció en su interior y al
retirarla ella me brindó la hermosura de su rosa abierta y palpitante y yo quedé
clavada de esa imagen perturbadora.
Me puse de pie y sin poderme contener me incliné entre sus piernas y acerqué
mi boca hasta su vulva y toque sus labios mayores abiertos y mojados y percibí
su consistencia maravillosa y empapé mi boca con su jugos, retuve entre mis
labios sus mariposas locas que se me escapaban empapándome de su aroma y mi
lengua la buscó por todas partes y se introdujo en ella y la reconocí y la
disfruté y fui hasta su clítoris y bajé hasta su vértice y me entregué a la
locura deliciosa de entregarle todas mis artes y beberle todos sus secretos y me
hundí en ella hasta llenar mi rostro de sus jugos y entonces cuando mi lengua
se adueñaba de su espacio Haydee gritó y su grito salió desde el fondo de su
garganta ronco y profundo mientras un río caliente me llenaba la boca que ya no
sabría decir palabra para describir lo que habíamos vivido.