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UN PAJAZO VACACIONAL |
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Enviado por Fernando el día Lunes 25 de Enero de 2010 |
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El otro día me fui de vacaciones solo.
Elegí por destino un hermoso valle rodeado de montañas. La cabaña destinada para alojarme era cómoda y
tenia chimenea para combatir el frio nocturno. El motivo de este relato es el de contarles a
ustedes mis amigos seguidores de mis relatos de autosatisfacción acerca de los
dos mega pajazos que me pegue durante la estadía en tan bonito lugar. El primero ocurrió luego de una larga caminata
por un sendero para ascender a un mirador en lo alto de la montana. Durante el
ascenso notaba que pasaban turistas que ya iban en descenso. En un momento dado
note que yo era el único en el sendero, pero eso mas que asustarme me excito,
pues mi mente enseguida voló y pensé: no me vendría nada mal una deslechada... Continúe caminando y tal como si se me hubiera
cumplido el deseo anteriormente descrito percibí a un costado del camino una
especie de mirador o vivienda destruida. No tenia techo pero aun algunas
paredes estaban en pie. La vista del valle desde aquel lugar era
impresionante. Por un rato me senté sobre lo que quedaba del lugar apoyando mi
espalda contra una de las paredes. Note que nadie pasaba y además la vivienda que
menciono quedaba a un costado del camino pero había que caminar un poco para
llegar a ella por lo tanto si me decidía a pegarme un pajazo tendría tiempo
para disimular si alguien llegaba. Como ya estarán adivinando algunos de mis
amigos lectores, como buen pajero me decidí y es así que usando mi mochila de
almohada me recosté sobre el piso y empecé a tocarme por encima de la ropa. Al rato ya estaba a cien por lo que sin perder
tiempo y sin importarme el viento algo frio empecé a quitarme la ropa. Me quede
solo con las botas puestas. Acomodándome sobre la ropa a modo de sabana procedí
a empezarme a pelar la verga que ya estaba bien dura y palpitaba como pidiéndome
que la tocara. Se notaba que estaba excitado pues ni medio me
retire hacia atrás un poco el prepucio note que ya el glande estaba totalmente húmedo
y las gotas de pre seminal seguían brotando dejando mi glande brillante de
tanta lubricación. Era una delicia tocarme las tetillas con mis
dedos fríos. Esta acción hacia que yo me quejara de excitación mientras sentía
como mis tetillas se ponían duras. Empecé a moverme la verga con una mano mientras
con la otra me acariciaba los huevos y las nalgas, al igual que mis muslos en
donde el contacto de mi mano contra los vellos de mis muslos me producía un
cosquilleo muy excitante. Los minutos transcurrían y yo seguía cada vez
mas excitado. Sentía el orgasmo cada vez mas cerca por lo que doblándome sobre
mi espalda procedí a jalarme la verga hasta acabar... Ooohhh siiii...varios chorros de tibio semen
salieron disparados sobre mi cayendo sobre mi cara y cuello. Entre tanto frio era maravilloso sentir mi
propio semen caliente encima. Me reincorpore y procedí a vestirme y a
limpiarme los restos de mi leche para emprender el retorno hacia la hostería. Ya de noche en mi cabaña recordé lo que había
realizado en la tarde en la montana y el solo hecho de acordarme hizo que mi
verga nuevamente se pusiera dura. Me levante de la cama y me acosté cerca de la
chimenea a fin de recibir un poco mas de calor en tal fría noche. Realmente nuevamente estaba excitado y me di
cuenta de ello cuando note la manchota de humedad en mis boxers, justo en la
zona donde mi pene hacia contacto sobre la tela. Procedí a bajarme el bóxer y nuevamente el
glande de mi verga brillaba por la excesiva humedad producto de mi lubricación. Nuevamente me pele la verga y me pase un dedo
por la superficie del glande recogiendo algo de lubricación la cual al alejar
mi dedo del glande formaba hilos cristalinos de babita lubricante. Me embarre muy bien dos dedos con mi lubricación
y procedí a frotarme directamente la cabeza de mi verga. Con la otra
mano me jalaba mis testículos, las cuales ante el calor de la chimenea habían
descendido totalmente hacia el escroto por lo que me colgaban mucho. A momentos también me estimulaba el culo como
muchos hombres suelen hacerlo: ensalivándome el dedo e introduciéndolo y
sacándolo con suavidad del ano. Con la punta de mi dedo a ratos lograba
estimularme directamente la próstata, lo cual me provocaba un placer exquisito
y hacía que mi verga segregara aún más líquido pre seminal. Aquel estimulo anal junto a mis dedos haciendo
maravillas sobre mi glande hicieron que el primer chorro de leche fuera
eyaculado hacia atrás de mi cabeza con gran fuerza. Los siguientes chorros de semen cayeron sobre
mi vello púbico y abdomen inundando la habitación con mi olor a hombre, a
semen. Quede tan rendido que me dormí desnudo pero
todo valió la pena. Como pajero orgulloso que soy no podía ser de otra manera. Espero les haya gustado mi nuevo relato y ya saben aquí tienen un amigo pajero a quien poderle contar sus cosas. Escríbanme. Me agradaría recibir muchos e-mails de adictos a masturbarse como yo de cualquier edad. Saludos a todos. |
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