Mi amiga esther
Enviado por Amor el día Domingo 20 de Julio de 2008
 
Traté durante casi dos meses traté de evitar que el "maldito psicólogo" me
dominara, pero fue en vano. Tras "caer vencida" por la tentación en la
primer semana durante el resto del tiempo y tres veces por semana "mi
psicólogo" me atendía fuera de hora (de l8.30 a 21.30) dándome un
tratamiento especial con su terrible mandoble. Dos meses después de iniciado
el tratamiento estaba verdaderamente destruida, física, moral y mentalmente.
El ejercía un verdadero poder de persuasión sobre mi y se aprovechaba de esa
situación para realizar sus actos sexuales mas retorcidos con mi cuerpo. Mi
hermoso culito se transformó en un "florero"; me lo destrozó con total
maldad y alevosía. Entraba su enorme pedazo en mi pobre agujerito sin la
menor contemplación haciéndome lanzar gritos o alaridos de dolor cuando lo
hacía "en seco" sin lubricación previa. Mi conchita se transformó en concha,
abierta y deseosa de comer a cada rato un pedazo de mayor tamaño. Mojándose
cada vez que mi vista se perdía en la bragueta del macho e imaginaba cuanto
tenía escondido su dueño ahí debajo. Mis tetas, antes firmes y voluptuosas
se aflojaron debido al uso que "mi psicólogo" les dio. En fin, en dos meses
quedé destrozada... y ansiosa de ser cogida. En vez de curarme el muy
marrano me había pervertido. Su lavado de cerebro me puso a mil por hora y
ya no sólo mi agujerito anal era mi debilidad sino toda yo hervía ante la
sola idea del sexo.
Fue entonces cuando regresó mi amiga Esther.
Retornaba tras dos meses y medio de un largo viaje de placer y vino de
visita en ese momento.
-         Oye. ¿Qué está pasando contigo?
-         Pues que haciendo caso a tu sugerencia he ido al psicólogo. - y le
relaté al detalle todo cuanto me estaba sucediendo.
Mi amiga, ante lo explícito del relato, se agitaba en su asiento. Su mano,
tratando de ser disimulada, acariciaba su entrepierna. Se notaba que la
calentura se estaba apoderando de su mente. Si me preguntan porque lo hice
no se, pero le di al relato un mayor contenido erótico mientras observaba el
comportamiento de mi amiga. Ella trataba de disimular la calentura que la
estaba dominando pero el deseo pudo más y al fin metió su mano por debajo de
la falda y hundió sus dedos en su vagina gritando.
-         Perdóname pero no me aguanto más, es terriblemente excitante tu
relato... aaahhhh
Sus manos se agitaron como palomas enjauladas y minutos después.
-         Me voooyy.aaaahhhhhhh. uuuhhhh... ¡Que hermoso polvo!... uufff...
Me removí inquieta en mi lugar mientras miraba como mi amiga, a raíz de mi
relato se masturbaba.
Esther me estaba dejando ver su peluda panocha mientras sus dedos la
recorrían. Sus ojos me miraban como carnero degollado.
-         Perdoname, pero es tan caliente lo que te ocurre..
-         No, está bien, te comprendo...
Sentí que mi concha empezaba a humedecerse y me removí inquieta y molesta en
mi asiento. Mi amiga me observaba mientras sus dedos no dejaban de jugar con
su conchita y mis ojos no perdían detalle de ese hecho. Ella empezó a gemir
nuevamente, producto del placer que se estaba prodigando con su
masturbación..
-         Me vengo de nuevo... huuummmm
Sentí que los colores atacaban mi rostro. Mi cerebro entró en ebullición y
mi concha se transformó en un volcán de flujo. Sin pensar lo que hacía me
abalancé sobre mi amiga y enterré mi cara entre sus piernas, aparté su mano
y comencé a chuparle la concha con total salvajismo. Ella se retorcía de
placer. Mis manos jugaban con sus pechos o con su ano.
Mis dedos se hundían en sus agujeros provocando reacciones de placer que en
breve instante la hicieron explotar en un largo y entusiasta orgasmo...
-         Me.. estás haciendo gozar... yegua.. me voy... me voy... me
vooooooyyyyyy... aaaaahhhhh
Intuí lo que se avecinaba pero no hice nada para impedirlo. Tras acabar en
mi boca mi amiga sin ningún tipo de reparo inclino su cuerpo y volcó su
rostro en busca de mi horqueta. Levantó la falda de mi mini, bajo mi
tanguita y hundió su rostro en mi entrepierna. Su lengua abrasadora comenzó
a acariciar mis labios vaginales provocándome una hermosa sensación de
placer. Elevada por la caricia me fui entregando a las caricias que me
prodigaba y sin ningún inconveniente llegué al orgasmo. No es lo mismo que
con el terrible "pedazo" del psicólogo, pero es placer también. Durante toda
la tarde nos prodigamos caricias, besos y demás, hasta que el cansancio nos
ganó. Fue una nueva y hermosa experiencia.
La llegada de mi amiga y la "aventura" me sirvió como tabla de salvación
para desligarme del psicólogo. Ahora es mi amiga quien "me atiende" todas
las semanas...
 
Escribile un e-mail al autor:
amordebil@hotmail.com

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