Estaba de vacaciones en Esmeraldas. Coincidentemente el Padi también. Nos encontramos en la piscina. Me abrazó cariñosamente dentro del agua y sentí un montón de cosquilleos. Es más, sentí en mi vientre la presencia, semi dura, de algo que ya conocía: su gigantesco pene. Su mano, disimuladamente bajo el agua ,descendió por mi espalda hasta mis nalgas y las apretó con firmeza . Hablamos trivialidades un rato, me despedí y me dirigí a mi cabaña. Al salir del agua sentí sus ojos recorriendo mi cuerpo, desvistiéndome, poseyéndome. Al llegar, me quite el mojado…no solo por el agua… bikini y me puse ropa muy cómoda. Fui a la cocina a preparar café…y a esperar lo que estaba segura y anhelante sucedería. En pocos minutos, golpearon a mi puerta. Sabia bien quien era.
El Padi estaba sin camisa, descalzo, y con un delgado short que me permitía adivinar fácilmente su paquete. Me dijo: hola, por fin solos. Sin hacer ruido se me fue acercando y su mano me tomó de la cintura. Yo estaba con una pupera pequeñita casi transparente, sin sostén y con un pequeño calzoncito blanco, muy apretado, que destacaba claramente mi montecito delantero y dejaba casi descubiertas mis hermosas nalgas bronceadas… .sin pensar, tomé la mano que estaba en mi cintura e hice que adelantara su posición para sentirla más en mi plano vientre. Los dedos se removieron haciendo una caricia, caricia que aumentó mi estremecimiento y mis suspiros. Padi me besó en la frente. Mi mano que estaba en la cintura, apretó su cuerpo contra el mío, y la mano libre fue a acariciar el pecho robusto. Yo no pensaba, solo sentía. La mano que estaba en mi estómago, aumentó el movimiento acariciador de los dedos y la otra acarició mi rostro con mucha suavidad y ternura, sin que el beso cesara.
Sentí que su aliento y la respiración se solidarizaran con los míos aumentando su calidez y la frecuencia de las respiraciones. La mano en mi rostro se apartó, lo que hizo que mis ojos se abrieran como para reclamar, con la vista, el abandono. Pero la mano sólo iba a apagar la estufa. Cuando regresó esa mano, me tomó de la barbilla y obligó a mi rostro a levantarse, aunque continuaba con los ojos cerrados. Luego, la mano permitió que mi cara descendiera para volver a la calidez del hombro y al olor que anhelaban mis sentidos. Entonces mi mano ascendió para acariciar su rostro, lo que me produjo nuevas y mas sentidas sensaciones. Sensaciones que se incrementaron, cuando mis dedos delinearon el contorno de la boca, los labios sensuales de Padi. Mi mente continuaba ausente, y mis sensaciones en ascenso. Mis suspiros eran jadeos, y mis manos se humedecían. Mis ojos continuaban cerrados, como no queriendo participar de nada para no impedir que el acercamiento tan hermoso e íntimo continuara. Sentí la punta de la lengua de Padi saliendo de su boca fusionada a mi frente. Y quise sentir su boca en mi boca.
Giré mi cabeza. La boca se fue, pero la mía fue en su busca. Mi boca la encontró apenas un poco más allá, y se prendió a los labios sentidos por mis dedos. el Padi suspiró fuerte, e hizo un movimiento para que nuestros cuerpos quedaran frente a frente, sin que su boca se retirara de la mía. Y sus brazos me rodearon, y yo hice lo mismo con los míos apretándolo para sentir su torso con mis senos, senos que sentí enhiestos, con pezones duros, calientes. Fue entonces cuando la lengua de Padi salió de su madriguera para ir a internarse en mi boca. Y yo apreté los labios abiertos de Padi como para impedir que su suave y cálida lengua se fuera a arrepentir de sus intentos exploratorios y acariciantes. Sus manos se metieron bajo mi pelo, pasaron suavemente sobre mis senos, apretando delicadamente mis pezones, luego acariciaron mi espalda de una manera sensual, tenue, como no queriendo que las yemas de los dedos fueran a dañar la tan delicada y tibia piel. Mis uñas se clavaron en la espalda enorme de mi Padi, y mis palmas se estremecieron cuando sintieron los pelos de su cintura. Y como los pelos bajaban más allá del límite de los calzones, mis manos se metieron hasta apresar sus nalgas, nalgas que se contrajeron al sentir el contacto de mis manos como diciéndoles que estaba gozando, disfrutando la caricia. Mis dedos apretaron el preciado botín recién descubierto y atrajeron el cuerpo hasta pegarlo totalmente al mío.
Entonces sentí algo duro que presionaba mi vientre.. estuve segura que no era una mano, tampoco un dedo, puesto que las manos andaban por mi espalda buscando la manera de llegar hasta la piel oculta por la blusa. Sabia que era su hermoso pene. Y por eso hice que mi lengua danzara frenética contra la otra, y que mis dientes mordieran levemente los labios de la boca portadora de una lengua que tanto estaba excitando a mi propia lengua, todo mientras mi boca se frotaba contra la otra boca. Entonces, las manos ajenas pudieron separar la blusa de la piel y recorrieron toda mi espalda, haciendo que el periplo de esas manos prodigiosas llegara hasta mis nalgas y las aprisionaran como las mías hacían con las otras nalgas. Y esas manos me apretaron. Por esto la dureza que presionaba mi vientre, se hizo más evidente y más estremecedora. Las manos de Padi, empezaron a acariciar con mucha dulzura mis nalgas, como no queriendo que esa caricia fuera a lastimar, sino que tuviera la intensidad suficiente como para que las sensaciones que como oleadas de calor me recorrían de la raíz de mi pelo hasta las uñas de mis pies, se hicieran más intensas y más sensuales, y que al mismo tiempo me hicieran sentir todo el cariño, el amor que esa caricia implicaba. Su dedo recorría el canal entre mis glúteos, tocando leve pero insistentemente mi agujerito.
Pero yo ansiaba más y más sensaciones como las que hasta ese momento sentía, y por eso sentí la necesidad de frotar mis senos contra el tórax del Padi. Y lo sentí espléndido, sabroso, excitante. Pero insuficiente. Insuficiente porque la tela de mi blusa impedía que el contacto de las pieles fuera eso precisamente, contacto de pieles. Y por primera vez mi cuerpo se separó un tanto y mis manos abandonaron sus tesoros, sólo para hacer saltar los botones que mantenían cerrada la blusa y luego, sin interrupción de los movimientos, lanzar la blusa al infinito. Y entonces sí, mis senos se regodearon frotándose contra ese tórax y contra los vellos que lo poblaban. Mis pezones casi estallan de placer, placer que se vio incrementado por los fuertes jadeos que la garganta del Padi dejaba escapar casi sin interrupción.
Entonces las manos apretaron con fuerza, hasta producir dolor exquisito a mis nalgas. Luego, suavemente se dirigieron hacia delante, acariciando suavemente, sobre mi calzoncito, mi vulva yá húmeda. Su dedo índice presiono ligeramente en el centro, en la entrada de mi vagina…Sentí oleadas de placer…Y fueron más audaces, porque estiraron el elástico de la cintura para iniciar un rápido retiro de tan estorbosa prenda, retiro que mis piernas, autónomas, ayudaron a que se diera levantándose una primero y luego la otra. Y mis manos, imitadoras, hicieron lo mismo con el elástico del otro calzón. Y las piernas ajenas y peludas hicieron los mismos movimientos que las mías para que el calzoncito fuera expulsado. Y entonces, ¡lo sublime! Sentí en toda su extensión y dureza, la erección galopante y muy caliente que se apretaba contra mi vientre. Y al mismo tiempo sentí contracciones de mi vagina, contracciones que llevaron a mi conciencia la presencia ya sentida de mi enorme humedad, humedad que ya bañaba mis muslos haciéndolos viscosos y muy sensibles a los movimientos de uno contra el otro. Aterrada, sentí que la boca soldada a la mía, me abandonaba, de allí mi pavor, pavor a que esa bendita boca se fuera para siempre.
Pero no fue así, solo fue a besar mis senos, luego a morder levemente mis pezones para después engullirlos hasta que la boca entera chupaba como si fuera la de un lactante. Yo no dejaba de jadear y gemir, y cuando la boca mamaba entusiasmada, sentí un estremecimiento fantástico que mi mente ausente pudo interpretar como un enorme orgasmo, orgasmo que se acompañó de la expulsión de líquidos abundantes desde mi mojada vagina. Y la boca se aplicó en la mamada que daba a mis senos prodigiosos y ya extraordinariamente sensibles, mientras las manos que andaban por mis nalgas las abandonaron para ir a hurgar entre mis vellos púbicos. Yo tuve que echar hacia atrás mi cabeza, sacudida por un nuevo orgasmo de potencia inusitada, y tanto que casi hace que mis piernas se negaran a continuar sosteniéndome. Al hacer que mi cabeza diera libre salida a mis gemidos orgásmicos, propicié que la erección me hiciera sentir su propia humedad. Por eso mis manos anhelaron sentir ese pene enhiesto. Autónomas, se dirigieron a su potente erección y ambas la tomaron con cierta fuerza, para después empezar a moverse con dulzura, con mucha ternura, sobre la larga extensión del grueso palo del Padi suspiraba más y mejor, pero no podía, aún, igualar mis gemidos ni mis jadeos, ni mis suspiros, ni mis lágrimas de placer, ni mis sollozos atronadores. Y ya los dedos que antes se enredaban con mis pelos, incursionaban entre mis delicados labios verticales. Un fuerte orgasmo me sacudió cuando, sin saber porqué, vi cómo sacaba los dedos de mi vulva y luego los chupaba con pasión, con enorme deleite. Y mis manos iban de delate atrás, haciendo que el suave prepucio se deslizara dejándome ver la brillante y enorme cabeza. Su boca continuaba besando mis senos, y yo me retorcía de placer sintiéndolas en todo su esplendor y por toda la superficie de mis senos, en este momento más que sensibles.
Entonces, el Padi me levantó en vilo, para depositarme sobre la cubierta de la mesa sin importarle tirar lo que había sobre ella. Quedé boca arriba y con las piernas muy abiertas. Vi y sentí con enorme placer, como el Padi se extasiaba contemplando mi belleza más íntima. Luego percibí sus manos acariciando con gran ternura la piel de mis muslos, la del vientre, la de las piernas, para luego jalar levemente mis vellos, y con sus dedos recorrer tanto la piel como la abertura que rezumaba más y más jugos. Su dedo índice y medio se introdujeron despacio, despacio dentro y fuera, sin parar. Tuve otro poderoso orgasmo, orgasmo que se prolongó al infinito cuando su boca fue a anidarse dentro de mi sexo. Pero se anidó no para permanecer pasiva, sino para poner la lengua a lamer, a sus labios a chupar los finos labios, y a sus dientes a morder con infinita ternura todo lo mordible que se encuentra en mi vulva, en mi vulva mamada por una boca sabia, tierna, cariñosa. Volé por todas las galaxias y por todos los confines del universo con la soberbia, tremenda y amorosa mamada que el Padi me daba.
Fui y vine de un orgasmo a otro, de un lado del universo al opuesto, todo en medio de grandes gritos de placer, de ese desmedido placer que la lengua, los dedos, los labios y los dientes me estaban dando. Yo creo que mis gritos, sumados a las caricias que mis manos hacían sobre el pene hicieron que el Padi se encogiera al tener su primera eyaculación y sus primeros gritos francos, abiertos, plenos de placer. Yo sentía que me derretía, que casi moría a cada nuevo lengüetazo, a cada nueva chupada, a cada nueva andanada de mamadas que la incansable lengua y boca me daban. Su pene apenas si perdió momentáneamente algo de su rigidez, porque mis manos continuaron acariciándola con ternura, con mucho amor. En segundos, el pene estaba tan duro como antes de la eyaculación, eyaculación que en ese momento sentí bañaba toda la piel del frente de mi cuerpo, desde mi rostro, hasta mis muslos, pasando por mis senos, mis pelos y mi vulva.
Durante todo ese tiempo y el sinnúmero de orgasmos tenidos, permanecimos sin decir palabras, solo nuestros gemidos y ayes de placer atronaban el espacio. Sin que mi último orgasmo se acallara, sentí que su pene abandonaba mis manos y era tomada por las manos de el Padi. Intrigada abrí los ojos para ver lo que pasaba. Entonces vi, con enorme gusto y placer, que el pene se dirigía a mi vulva y, de inmediato, sentí la cabeza brillante y aún con una gota de semen asomando, apoyada en la entrada de mi vagina. Me estremecí del enorme placer que sentía porque supe en ese preciado momento, que ese pene se iba a enterrar muy dentro de mi cuevita. Suspiré, gimiendo, para abrir la boca, sacar mi lengua y llamar con ella a la otra boca que estaba entreabierta y con la lengua lamiendo sus labios a falta de mis propios labios verticales. Adelante enérgicamente mi cadera para recibir aquel delicioso pene.
Y vino la boca para besarme con ternura, para hacer entrar su lengua que lamió con cariño, suavemente, mi lengua, al tiempo que las nalgas de el Padi empujaban lo que estaba adelante, el enorme pene que empezó a adentrarse profundamente en la gruta del placer que con tantas ganas se le ofrecía y que con tanto placer la esperaba para aprisionarla con los pliegues de mi vagina y darle así todo el amor de que era merecedor. El pene se fue metiendo, yo sentía como avanzaba poco a poco, dilatando, llenando total, deliciosamente mi vagina, Fui sintiendo esos avances con pasión creciente y con el orgasmo infinito incrementado. Era una tranca enorme, pero la pude alojar, completa, dentro de mi vagina, muy adentro de mi caverna. Cuando sus testículos chocaron con mis nalgas y mis labios verticales, el empuje se suspendió y el pene permaneció estático, sin moverse, como queriendo disfrutar al máximo el placer de haber entrado en mi vulva que rezumaba jugos en abundancia. Y yo la sentía gruesa, plena, dura, tierna. Sensaciones que hacían que mi orgasmo se hiciera más patente, de mayor potencia, inacabable, inconmensurable. Luego, poco a poco, como no queriendo apresurarse, inició el movimiento de sus nalgas que se acompañaba con un entrar y salir de su pene en mi vagina. Y fue el paraíso. El Nirvana del placer. La Gloria de la gloria de la cogida plena de amor y pasión. No sé cuanto duró ese ir y venir de tan prodigioso miembro. Sus manos sostenían mis nalgas, mientras un dedo se introducía suavemente por mi ano, haciéndome retorcer de placer.
Sentí varias veces que mi vulva se llenaba de semen que en potentes eyaculaciones vertía el pene dentro de mi vagina , mientras yo alcanzaba otro tremendo orgasmo. Estaba enervada, totalmente fusionada a su pene y al placer. Ocasionalmente escuchaba los gritos de el Padi como tratando de acallar los míos. Cuando la cara de el Padi se derrumbó sobre mi tórax y su boca encontró uno de mis senos, mi orgasmo ininterrumpido dio un último salto al paraíso ganado.. Mi vagina se contraía llena de placer, casi con desesperación placentera. Y sentía el pene que se iba encogiendo al mismo tiempo que la abundante leche derramada dentro de mí, salía de la cueva formando toda una cascada, catarata que tenía también la virtud de provocarme más placer, otro gran orgasmo. Y su boca besaba mis senos, cosa que hacía que mi orgasmo continuara presente, permanente. Por fin, mis nalgas se pararon sin estar cansadas de moverse, y todo movimiento cesó. ..
Luego de unos minutos, sus manos delicadamente siguieron sus caricias en mis senos. Su boca recorría mi espalda, despacio, dulcemente. Me viré hacia el, besé su pecho y descendí por su vientre…su hermoso pene quedó a mi alcance. Lo tome con ternura y me lo introduje en la boca. Suavemente empezó a bombear. Era una verdadera delicia sentirlo entrar y salir de mi boca. Como antes de mi vagina. Me tomó de los hombros , y delicadamente me colocó de espaldas. Sentí su pene entre mis nalgas y automáticamente me doblé. Me recorrió despacio, haciéndome sentir la fuerza de su miembro. Estaba tan mojada que al poco momento sentí la punta ingresar suavemente, casi sin esfuerzo, por mi agujerito. Presioné hacia atrás y o delicia, todo su pene se me introdujo. Me sentí deliciosamente llena. El se quedó quieto pero yo no. Me moví rápidamente, de delante a atrás , sin parar, sintiéndolo todo dentro de mi. Al mismo tiempo , sus dos dedos se metían, duro, con fuerza en mi vulva y su boca mordió mi cuello. Se vino con intensidad increíble… Así mismo, yo alcance un gigantesco, el más grande orgasmo de mi vida…